“El mundo es ancho y ajeno” es el título de una novela del peruano Ciro Alegría. Un texto clásico, fundacional de la literatura indigenista americana; pero es también un pensamiento que contiene en seis palabras todo un programa de vida. Nos atrevemos a tunearlo para este blog que asume el valor de lo glocal (global+local): “El emprendimiento berciano es ancho y ajeno”.

El emprendimiento berciano puede hacer vodka con patatas de Almázcara en Laponia o grabar discos de jazz en Portugal. También puede hablar alemán o chino si se presenta la ocasión. Incluso puede hacer dulces, brownies de cerveza negra y pastas de té en alemán y en chino. Y eso no está al alcance de cualquiera. Hay que ser muy especial, llamarse Gisela y tener ganas de hacer feliz a la gente en el idioma universal de la dulzura.
Solo así se explica que ese alguien tenga el atrevimiento de poner en una modesta calle de Ponferrada –aunque con nombre de premio Nobel–, una fábrica de serotonina que haría las delicias del doctor Fleming. Podemos imaginar al venerable científico observando al microscopio unas “galletas monstruosas” elaboradas por Gisela: “Parece que llevan harina ecológica, un kilo de sonrisas, unas gotas de innovación, ternura liofilizada y trocitos de felicidad”.
Hablamos de la fábrica de serotonina Gisela Bakery & Cakery, pastelería creada hace tres años por Gisela Astorgano Vázquez y su madre Encar, que imprimen a todo lo que hacen un sello personal, artesano y femenino inconfundible. “Hacemos repostería creativa combinada con sabores de siempre, elaborados de un modo artesano con ingredientes naturales y autóctonos, con el estilo dulce, femenino y un poquito naïf que es la firma de Gisela. La espina dorsal del obrador es femenina y familiar, lo cual dota al negocio de un carácter especial”. Y tan especial: los dulces de Gisela y Encar tienen color dulce, huelen a tonos lila, rosa y pastel, y saben a hogar y a manzanas reineta en el desván.
Apuesta por el comercio local
El proyecto de Gisela tiene una clara dimensión de emprendimiento social: su apuesta por el comercio local: “Los pequeños comercios generamos más del 60% del empleo, somos tus vecinos, pagamos aquí nuestros impuestos, te damos un trato personalizado, mejoramos la relación calidad/precio de las grandes superficies, tu dinero se queda y reinvierte aquí, usamos productos locales y damos vida al barrio”. Economía del Bien Común.
Antes de aterrizar en Ponferrada, Gisela Astorgano –que, además de tener un master en Comercio Internacional, es traductora de alemán, inglés y chino– se formó profesionalmente en Alemania en la especialidad de Pastelería y Bombonería. Y de Alemania importó un modelo absolutamente exótico en El Bierzo, acostumbrados a roscas, roscones y almendrados imposibles de tomar si no se empujan con una copina de orujo. Por no hablar de esa pastelería industrial que nos ataca la salud cada mañana, capaz de transformar el delicado y crujiente croissant francés en masa para tapar una fuga de agua.
Gisela trabaja en la dirección contraria al paladar tosco y a la repostería en serie: sus bakeries y cakeries son únicos, personalizados y diferentes cada día, ya sea el pan de espelta, el pan de hurmiento, las natitas o pasteles con formas de araña o murciélago en Halloween. “Tenemos una gran ventaja –dice Gisela–, no nos gusta nada el aburrimiento. Por lo tanto, innovamos continuamente, aprendemos de otros profesionales del sector tanto nacionales como internacionales y también de doña María que vive en el 5º y a la que le salen de vicio las magdalenas. ¿Qué puede pasar? Pues que la tarta de manzana de esta semana no tenga nada que ver con la de la semana pasada”
El truco de Gisela es basarse en recetas tradicionales de todo el mundo y renovarlas buscando la proximidad –siempre que es posible, productos marca Bierzo–, aportando su propia originalidad y creatividad, de manera que en sus pasteles los colores huelen y los sabores saltan a la vista. Y, como no podía ser de otro modo, los clientes de Gisela, un público cada vez más cosmopolita y globalizado, están encantados. “Además, un dulce es un pequeño lujo que casi todo el mundo se puede permitir, y en Gisela Bakery & Cakery queremos que cualquier persona se pueda regalar una sonrisa, una experiencia, un descubrimiento… En definitiva, una descarga de serotonina, la hormona asociada al placer y que el cuerpo genera cuando se ingieren dulces. ¡Somos mensajeras del bienestar!”.
Mensajes para personas que gustan de ser sorprendidas y quieren su trocito de felicidad en forma de bombones artesanos coronados con moras silvestres. Gisela y Encar hacen esos trocitos de seronina a mano cada mañana: “Nos hace feliz nuestro trabajo y ¡hacemos feliz a mucha gente! Cuando alguna persona viene a contarnos lo afortunada que se siente porque tuvo la tarta de sus sueños en su boda, porque comió un dulce que le transportó a su infancia, porque probó un nuevo sabor que le alegró el día… eso compensa todos los sinsabores, que los hay, y anima a continuar”. Y a emprender nuevas líneas de trabajo, como su reciente tienda on line, donde las pastas de té de Gisela arrasan.
Ahora que mujeres y hombres aprendemos a llorar, a escuchar, a sonreír, a tomar un té con jazmín en silencio; ahora que en este mundo ancho y ajeno empezamos a salir de nuestro analfabetismo emocional, Gisela Bakery & Cakery pone en nuestras vidas una descarga de serotonina, la hormona del placer. Pastelería emocional.
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