Las sociedades subdesarrolladas tienen un factor en común: alguien que viene desde fuera explota la mena y deja la ganga. Puede ser un pozo petrolífero en Irán, un cafetal en Kenia o una cantera de pizarra en El Bierzo. El esquema es siempre el mismo: el saqueador explota los recursos naturales y obtiene un beneficio inmediato, sin importarle el futuro de ese recurso (valioso, escaso, no renovable), ni la estela de contaminación o pobreza que deja detrás.
Cuando se afirma que “la minería ha sido beneficiosa para El Bierzo”, o cualquier otra cuenca minera, podría matizarse que ha sido más beneficiosa, por ejemplo, para algún famoso empresario que para la Seguridad Social, que pagamos entre todos, a la que ese mismo empresario endosa la factura del coste social (bajas, silicosis, jubilaciones prematuras, y todos los males como alcoholismo, ludopatías, etc., asociados al submundo de la minería). Para echar bien las cuentas como país o como comarca, pensando en el bien común, tendríamos que poner en el haber los beneficios sociales y en el debe los costes sociales reales, incluidos todos los costes ocultos y a largo plazo. Hay serias dudas sobre el saldo positivo.
En la cercana Galicia, durante décadas se ha exportado a Italia uno de los granitos de más calidad del mundo, el famoso granito Rosa Porriño, en bloques gigantes que pueden verse en los muelles de Vigo, y que luego los avispados italianos nos devuelven serrado, laminado y pulido: huelga decir dónde queda el beneficio, el valor añadido, la industria transformadora, y dónde queda el escombro. Algo similar hemos estado haciendo en El Bierzo y Valdeorras con la pizarra; o hasta hace muy poco con la uva, cuando era vendida al Ribeiro, para que otros etiquetaran como suyo el fruto de nuestras viñas. Y así sucesivamente.
Este modelo de explotación de los recursos naturales no es sostenible (las canteras de pizarra se agotan), deja secuelas (montes desertizados, ríos contaminados, etc.), y empobrece a toda la sociedad colonizada (los colonos no tienen que ser ingleses: hay colonizadores internos). Frente a este desastre, se abre camino, con demasiada lentitud, un modelo sostenible, respetuoso con el medio ambiente, con responsabilidad social.
Una modesta empresa, nacida hace poco, La Boutique de la Pizarra, se sitúa en ese camino: agotado el modelo de explotación salvaje de las canteras de Casayo, Sobrado y su entorno, los emprendedores de La Boutique de la Pizarra –Remedios, Danny y Alfredo Vidal Voces­-, han puesto en marcha su creatividad e ingenio para hacer en pizarra un sin fin de aplicaciones novedosas, en las que el valor añadido queda en nuestra tierra, y se minimizan los daños ecológicos, los residuos y los destrozos. Este es el camino a seguir.
La Boutique de la Pizarrafabrica casi artesanalmente muebles, mesas, escudos, jarrones, ceniceros, placas, platos y vajillas, joyas, relojes, lavabos, bañeras, suelos, paredes, encimeras… y lo que a usted se le ocurra, ¡y todo en pizarra 100% natural! Basta visitar su tienda-escaparate junto a la plaza Lazurtegui de Ponferrada.
Fíjense en la diferencia económica y ecológica entre exportar a Italia un bloque de granito en bruto y luego importarlo en piezas elaboradas a precio de oro; o fabricar y comercializar esas piezas directamente nosotros. Economía del bien común significa que no salga del Bierzo ni una sola uva sin elaborar nuestro mejor vino, ni un solo bloque de pizarra sino es en forma de relojes, platos y joyas; ni una sola res en canal para que nos la devuelvan congelada o en hamburguesas; ni un solo litro de leche entera a coste miserable, para luego recomprar queso y yogures pagando diez veces más.
Por estas razones, en la recta final de Bierzo Innova y Emprende -esta sección que hemos compartido en La Nueva Crónica durante más de cuarenta semanas, que hoy llega a su final­-, queremos incluir La Boutique de la Pizarra. El esfuerzo por transformar nuestro producto, con creatividad e ingenio, ya sea un producto minero, agrícola, ganadero o forestal, ese esfuerzo marca el camino del bien común. Menor destrozo ambiental y mayor beneficio social, producción sostenible y creación local directa de puestos de trabajo. Ojalá consigamos entre todos, con las herramientas de la innovación y el emprendimiento social, transformar la vieja economía colonial, en una verdadera Economía del Bien Común.
Me despido con un pie en la escalerilla del barco… gracias a La Nueva Crónica por acoger esta sección, a las empresas, colectivos y emprendedores que nos han ayudado, y a los lectores y lectoras por su interés. (Continuará…)