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Exposición Un romántico en la construcción de Europa (11).

 

“Gil es el primer paisajista español”
Azorín

La rápida producción literaria de Enrique Gil ―en nueve años desde su primer poema en 1837 hasta su muerte en 1846― es variada en géneros: poesía, viajes, crítica teatral, relatos cortos y novela.

Su periodismo de viajes y costumbres ocupa un lugar destacado de 1839 a 1844 en las mejores revistas madrileñas: Semanario Pintoresco Español, Los españoles pintados por sí mismos, El Pensamiento.

Como viajero romántico, Gil rinde culto a la Naturaleza. Su mirada combina el sentimiento y la razón, a la manera de Schiller; critica el abandono de los monumentos, el retraso y la ignorancia, las condiciones miserables de vida; y lo transmite al lector en tono directo, no exento de humor.

De su obra, destaca la serie de ocho reportajes publicados en el diario madrileño El Sol en 1843, Bosquejo de un viaje a una provincia del interior, en los que salda una deuda de amor con El Bierzo, cuyo paisaje, arte e historia describe con maestría.

Sus viajes románticos son una búsqueda del yo. Enrique encuentra las luces y tinieblas de su corazón en los lugares de la infancia y en sus rutas por el norte de España, pero también a orillas del Sena y el Rin, cuyos valles compara con El Bierzo. Su mirada hacia el mundo y sus costumbres es siempre una mirada interior, un viaje al corazón de las tinieblas.

[Portada: Desfiladero de Pancorbo, grabado de Villaamil, 1842].