Si te gusta, comparte:

Exposición Un romántico en la construcción de Europa (9).

Berlín, 30 de enero de 1846, 17ª y última comunicación de E. G.

Muy Señor mío: El Sr. Barón de Humboldt tuvo la bondad de venir a mi casa, imposibilitado yo de pasar por la suya, y le entregué el pliego que V. E. remitía adjunto con el nombramiento de la Gran Cruz de la Real y Distinguida Orden de Carlos III.

Con reverente gratitud he recibido la autorización de S. M. para usar de mi licencia cuando mi salud lo consienta. Desgraciadamente esta ha empeorado con el invierno y me hallo reducido a un estado de debilidad grandísima.

Dios guarde a V. E. ms. as.

 

Enrique Gil falleció en Berlín el al amanecer del domingo 22 de febrero de 1846: “Niebla cárdena sobre Berlín. Tan solo treinta años”, dice su biógrafo Suárez Roca.

En España, la peonza política ha vuelto a girar y solo unos pocos amigos lloran a Gil, ignorado ya en los mentideros de la Villa. En Ponferrada, su madre, Manuela Carrasco, recibirá días después una carta póstuma del hijo amado, enviando buenas y tranquilizadoras noticias sobre su salud.

Los pocos bienes de Gil son vendidos en Berlín para pagar el entierro y sus papeles enviados a Madrid. Su obra quedará en el olvido hasta 1873, 1ª edición de sus Poesías líricas, y 1883, edición de sus Obras en prosa. Sus huesos, caducado el derecho de sepultura en 1882, echados al osario común de Santa Eduvigis, sobre el que se construyó en 1961 el Muro de Berlín.

Tras la caída del muro, el viejo cementerio se ha convertido en un parque donde las gotas de rocío orlan la frente del poeta.

Ofrenda floral ante la tumba de doña Manuel Carrasco en el cementerio del Carmen de Ponferrada.