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EL COOPERATIVISMO SEÑALA EL BUEN CAMINO
¿Llevamos veinte años de retraso? La denominación de origen Cereza del Jerte se creó en 1996 y desde entonces certifica cada año la calidad de las cerezas y picotas del valle del Jerte, de fama merecida, que llegan a los mercados con el precio acorde a su prestigio, que para sí quisieran otras zonas productoras de cerezas de igual o mejor calidad, como las del Bierzo. La diferencia es sencilla: ellos llevan veinte años haciéndolo y nosotros no.
No es este el foro adecuado para examinar el por qué de esta carencia que condena a las cerezas del Bierzo a una posición subalterna en el mercado: menos presencia, menos ventas, precio más bajo. Es posible que converjan varios factores: el ninguneo de la administración autonómica, la falta de coraje y capacidad organizativa de los productores bercianos y un cierto autodesprecio que engorda la cuenta del vecino.
Los medios de comunicación han anunciado que en la próxima cosecha, primavera de 2016, las cerezas del Bierzo tendrán por fin su anunciada, prometida, atrasada y regateada denominación de origen o Marca de Calidad. Bienvenida sea, aunque con veinte años de atraso. La obtención de la Marca de Calidad Cereza del Bierzo será el séptimo sello de origen en la comarca, junto con el botillo, el vino, el pimiento asado, la pera conferencia, la castaña o la manzana reineta. ¡Enhorabuena!
Pero no se llega aquí sin la presión y el trabajo emprendedor, tantas veces incomprendido, de los propios agricultores, especialmente de la Asociación Berciana de Agricultores (ABA) y, en el caso concreto de la cereza, de una iniciativa pionera desde hace diez años, la Cooperativa de Rimor.
Rimor, a una hora de paseo caminando desde Ponferrada, es un rincón del paraíso que el Creador diseñó con un guiño el sexto día de la creación, le puso todas las perfecciones de un valle fértil y generoso, y luego tiró la llave, para que se quedara ahí varado en el tiempo, inmóvil como la espadaña de su iglesia, donde hace tiempo que no crotorean las cigüeñas.
Si son buenas las cerezas de todo El Bierzo sin excepción –maravillosas las de Corullón, impresionantes en Los Barrios y despampanantes en Quilós-, las de Rimor son las mejores, dicho sea con cariño de abuela. El pueblo de Rimor, “anejo de Toral de Merayo”, que parecía estar llamado a morir y se había ido despoblando en las últimas décadas, ha recuperado pulso, vida, gente joven y actividad económica, gracias a la proximidad a Ponferrada (es un perfecto barrio dormitorio con vistas a la huerta) y gracias a una iniciativa emprendedora que ha situado las cerezas de Rimor en el mapa: la Cooperativa Agrimor SAT.
La voluntad cooperativa es de por sí una iniciativa de emprendimiento social, en la buena dirección de la Economía del Bien Común. La cooperativa hace que los pequeños productores, insignificantes individualmente, consigan sumar producción, kilos, infraestructura (recogida, almacén, embalaje), distribución, precio… todos los eslabones de la cadena son más fuertes juntos. La fuerza de la cooperación entre vecinos es el tres-en-uno que engrasa el mecanismo.
AGRIMOR SAT fue creada hace diez años, en 2005, por una docena de propietarios con un total de 30 hectáreas en Rimor y Ozuela; y desde entonces ha ido consolidando un espacio propio en el mercado (del que carecen otros pueblos de la comarca, sin ir más lejos), ha logrado vender la cereza de Rimor, y también la castaña, más y a mejor precio, y supone una fuente de ingresos sustanciosa para el pueblo. No es la única distribuidora profesional en El Bierzo (también están Cofrubi, Cefruca, Cafribierzo, almacenes de Corullón, etc.), todas ellas respaldadas por el valioso trabajo de la citada Asociación Berciana de Agricultores.
Estamos hablando de un sector que cosechacada año más de 6.000 toneladas de cereza de primerísima calidad, que El Bierzo no puede permitirse el lujo de seguir vendiendo a granel, al peor postor y cada cual por su cuenta, como en los tiempos de Maricastaña. Innovación es dotar de buenas herramientas a nuestros emprendedores, agrupados en cooperativas para el Bien Común como AGRIMOR. Herramientas competitivas como el envasado, la venta directa al consumidor, la transformación en productos con más valor añadido (desde las cerezas y guindas en aguardiente a todas las confituras), acciones que multipliquen su beneficio económico y social.
Si cuando se creó el pueblo de Rimor, escondido en el valle, a los pies de Ferradillo, el Creador tiró la llave, es hora de que nos pongamos a encontrarla para que el pueblo reviva vigoroso y enérgico. La Cooperativa AGRIMOR señala el buen camino.