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Seguramente el nombre de Bárbara Blomberg no les diga nada: suele ocurrir con mujeres importantes, ocultadas por la Historia bajo un espeso manto de silencio. Fue tan solo la amante del hombre más poderoso del mundo en su tiempo, el emperador Carlos I de España y V de Alemania, y la madre del también más famoso bastardo de nuestra historia, don Juan de Austria, vencedor de la batalla de Lepanto y tal y tal.
Sorprende el peso específico de las etiquetas: ser bastardo ha tenido siempre una carga peyorativa; hijo ilegítimo, se decía también, expresión felizmente desterrada. Desde el otro lado del espejo, un emprendedor berciano recupera y reivindica lo bastardo como seña de identidad: aquello que no es reconocido explícitamente. Hablamos, por ejemplo, del arte realizado por los artesanos, del artesano como artista, capaz de crear ideas, diseños, objetos con personalidad y estilo propio. Hablamos de Cultura Bastarda, creada por el inquieto berciano Marcos Blanco Rellán.
El nombre es una provocación acertada: Cultura Bastarda contiene un puñetazo semántico a la mandíbula de la moda convencional, la pasarela Cibeles, la alta costura de París y la gama baja de Zara. Mientras las marcas predominantes, que operan en el mundo de la moda, de consumo masivo, tienden a líneas y diseños que molesten lo mínimo, capaces de agradar a jóvenes y maduros, urbanitas o rurales, con estudios o sin ellos, introduciendo un standard impersonal y anodino, Cultura Bastarda trabaja en la dirección contraria. Sus diseños y productos son inconfundibles: no comulgan en la ceremonia de la uniformidad.
Marcos Blanco hace sus propios diseños de ropa o complementos manufacturados en piel: “Efectúo yo mismo el proceso creativo a partir de una idea que plasmo en boceto para su posterior desarrollo. Lo que nos diferencia de otros es el espíritu [“bastardo”] que subyace detrás de la marca y los detalles. Nuestra filosofía es contribuir a la puesta en valor de la gente que hace de su trabajo un arte. Equiparar al artesano con el artista. Reconocer todo ese caldo de ideas que forman un estrato muy importante de nuestra sociedad actual y que al no ser explícitamente reconocida, considero como «bastarda». Pretendo poner mis productos a la máxima altura; por eso, además de ofrecer artículos de calidad, doy mucha importancia a la presentación y empaquetado final siendo este, un factor distintivo que reafirma la personalidad de la marca”.
Cultura Bastarda trabaja, pues, en los territorios de la innovación, la imaginación y la exclusividad y con este bagaje afronta la crisis con optimismo: “A pesar de la crisis la gente está decantándose cada vez más por productos que le ofrezcan un grado de satisfacción que colme sus expectativas. La tendencia no es solo la de consumir o colmar necesidades básicas, para eso ya existen las grandes empresas y sus producciones al por mayor. Las personas cada vez tienden más hacia la exteriorización de sus propios gustos y personalidad; por ello considero que esta marca y lo que representa es una buena herramienta de llevarlo a cabo”, subraya Marcos Blanco, un emprendedor original y único, a quien Cultura Bastarda le produce un alto grado de realización y satisfacción personal, lo que en sí mismo es un valor emocional y empresarial del que no podemos prescindir.
Si vivieran en nuestro siglo, no sería difícil imaginar al bastardo don Juan de Austria y a su madre Bárbara Blomberg, que vivieron sus vidas a contracorriente, luciendo las camisetas y diseños de Cultura Bastarda.
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El Bierzo digital: Cultura Bastarda en El Morticia