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“La avaricia ha hecho mucho daños a los negocios. Hay que ser generosos”, dice Javier cuando al pie de la estación de San Andreu de Llavaneres me despide con un abrazo y me regala su filosofía de vivir: “Suma, no restes”, “Da, no pidas”, “Saborea, no tragues”, “Abraza, no empujes”, “Besa, no discutas”. En el tren de vuelta, voy pensando cada una de las cosas que me ha contado como una cascada, como un Iguazú, el emprendedor berciano Javier Álvarez, el mismo que hace poco compró en la subasta benéfica el sofá chester en el que Risto Meijide entrevistó a Luis del Olmo, y donó el importe al Proyecto Hombre.

He venido a conocerle personalmente viajando, sin chester, desde Barcelona hasta Mataró en el tren de la independencia (de la independencia berciana, se entiende). Cerca de Mataró, en Port del Balís, hay un muelle con palmeras. Entre cientos de mástiles de barcos atracados que lucen banderolas rojigualdas, esteladas y alguna que otra extranjera, solo hay un barco distinto a los demás, el único barco en cuyo mástil ondea la bandera del Bierzo: Cobija del Pobre. Es la casa donde vive Javier Álvarez. 
Esta es una de las señas de identidad de este berciano sin fronteras, empresario atípico, polivalente, entusiasta y desbordante: casi ochenta kilos de valor y optimismo, mal pesados en la báscula de la innovación. Nos sentamos a conversar en el Club Náutico del Balís y, aunque los dos amamos los cavas catalanes o los vinos del Ribeiro, aquí en Llavaneres el vino oficial es el Jarabe de la bodega Majara –mencía y prieto picudo con 12 meses de crianza en barrica de roble francés-, un capricho de los sentidos, producido en Almázcara, en el kilómetro 382 de la A6.
Ya lo dijo Arquímedes cuando descubrió la palanca: “Dadme un punto de apoyo en Almázcara y moveré el mundo”. Con un punto de apoyo en su pueblo, con los pies en la tierra y viviendo en un barco, Javier Álvarez ha tenido la capacidad de poner en marcha un proyecto empresarial apasionante, la bodega de élite Almázcara Majara, “vinos con alma y cuerpo”, que produce Almázcara Majara, Jarabe, Amphora, Demasiado Corazón y, desde 2013, el godello Cobija del Pobre.
“Esto es más que una bodega, ¡es una pasión! dice Javier–, me veo trabajando en esto el resto de mis días; me va la vida en ello”. Álvarez es químico por las mañanas, bodeguero por las tardes, concejal por la noche y berciano a tiempo completo. Desde hace años trabaja profesionalmente en una importante multinacional química con sede en Milán, Coim, donde la innovación es una obligación y una costumbre, de modo que está acostumbrado a lidiar con una competencia dura, a ajustar precio/calidad al mercado, a encontrar el punto de equilibrio perfecto que garantiza la competitividad de un producto y hace que sea rentable a largo plazo. “No se puede ser avaricioso y hacer cálculos solo a corto plazo. Hay que ganarse la confianza del cliente y tener un horizonte amplio; si haces bien tu trabajo y eres honesto, antes o después el mercado te premia”.
Javier ha aplicado esta filosofía a su proyecto personal: Almázcara Majara es un hobby compartido con dos socios [Majara: de Manuel, Javier y Raúl], al que dedican alma, cuerpo y pasión. La bodega no quiere crecer a lo majara: “No tenemos stock. Agotamos todo lo que sacamos al mercado. Quizás sea una mezcla de suerte, intuición, capacidad para los negocios, conocimiento del sector; o quizás sea que Javier por donde va –y viaja constantemente–, va colocando sus vinos en los mejores restaurantes de cada ciudad, incluida la constelación Michelín.
Un modelo de distribución directa, que Javier trabaja a pulso y con capacidad de convicción: “El que lo prueba, repite, porque hacemos vinos con la mejor materia prima del Bierzo”, no en vano procedente de viñedos en las laderas de Campo y Los Barrios, envejecidos en la bodega de Almázcara, que ahora proyectan transformar en casa de invitados para enoturismo, construyendo al lado una nueva nave de cata y crianza.
Vodka con patata del Bierzo
Pero… cuando alguien “es” majara y lleva dentro el gusanillo de la innovación, no puede estarse quieto: “Queríamos hacer un destilado y ahora mismo el mercado está saturado de ginebras: pensé en hacer vodka –explica Javier–. Al tiempo, quería poner en valor un producto de la tierra tan mal pagado como la humilde patata. A través de un colega de Finlandia contacté con una destilería en Laponia, la más septentrional, la más cercana al Polo Norte. Enviamos patata berciana y se hicieron varias pruebas, hasta dar con el paladar que buscábamos. Y así nació Elefante Majara, un vodka premium con corazón berciano”.
Un vodka innovador, hecho en Laponia con patata del Bierzo de primera calidad. Lean su nota de cata: “Color cristalino, muy limpio y puro. Olor delicado, fresco, equilibrado y aromas almidonados. En boca aterciopelado y redondo. Sabor de entrada muy amable con final limpio y dulce. Se obtiene un vodka ultrapremium que debido a su suavidad y neutralidad lo podemos disfrutar sólo y muy frío, como combinado con zumos naturales, tónica o en diferentes cócteles”.
Para comprender mejor el peso específico del vodka Elefante Majara como producto con valor añadido (que es, en resumen, lo que necesita el agricultor), un par de datos a modo de reflexión: en el año 2015, según el Informe de COAG, la patata leonesa se pagó a 0,05€ el kilo (no hay error: cinco céntimos el kilo y llegó a estar a 2 céntimos el kilo en el año 2012). Peor que una ruina y una miseria juntas. Considerando que un litro de vodka lleva unos cinco kilos de patatas y que Javier las paga a 0,60, el coste de la materia prima sería 3€ más el agua del Polo), y si una botella de vodka Majara se vende en tienda a 33€, pueden ustedes echar la cuenta.
Parece un negocio claro, pero hay que tener la idea, el talento innovador, la osadía de soñarlo, el valor de pensarlo, la voluntad de encontrar los contactos en Laponia, la disponibilidad para viajar al Polo Norte, la mente emprendedora, clara y abierta, y muchas ganas de correr riesgos, para meterse en la aventura. Todo eso y, además, llamarse Javier Álvarez Álvarez, ser de Almázcara y pensar cada mañana y cada noche en tu tierra, aunque vivas junto a las tres palmeras a bordo de un velero con pabellón pirata, Jim se esconda en una barrica de roble francés, bebas vodka mejor que ron, y tengas El Bierzo por bandera.
Más:
Bodega Almázcara Majara  
Vodka Elefante Majara  
Pedir Vodka Majara por Internet en la web Cerezas del Bierzo  
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