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Distribuir 2.000 kilos de queso de cabra cada mes en New York desde un diminuto pueblecito de la montaña berciana, ¿es o no es innovación pura y dura? En este territorio comanche de la innovación y el emprendimiento, algunos venden motos; otros trabajan con humildad y tesón, sin mirar al tendido.
Ambasmestas es una localidad pequeña, apenas dos decenas de familias, un barrio de Vega de Valcarce, el pueblo más occidental del Bierzo, en la subida al puerto de Pedrafita, a las puertas de Galicia, un rincón regado por el río Valcarce, a los pies de Balboa y cerca del castillo de Sarracín, donde la Naturaleza es hermosa y generosa. Desde hace más de veinte años [empezó en 1992 con 50 cabras], un emprendedor con las ideas claras, Joaquín Villanueva, produce en este paraje de Ambasmestas un producto casi exclusivo en el mercado, el queso de cabra «Veigadarte».
El original rulo de queso de cabra –“made in Ambasmestas”– ha ido conquistando mercados lentamente, ha ido ganando simpatizantes y devotos –pues quien lo prueba, repite– y ha llegado a consolidarse como marca de referencia. Dentro y fuera del Bierzo, los restauradores no sirven platos hechos con queso de cabra sino con queso Veigadarte. Más de treinta platos incluían queso Veigadarte en las últimas Jornadas Gastronómicas del Bierzo. Incluso a veces, algún malandrín suplanta la marca y emplea otro queso, pero en la carta menciona Veigadarte, porque es la marca de prestigio, garantía de calidad.
Tras unos viejos muros de piedra, que parecen a punto de caerse, ¡lo que duran las casas de los abuelos, Joaquín Villanueva ha levantado una fábrica pequeña pero funcional, con tecnología punta, capaz de transformar miles de litros de leche de cabra en media docena de variedades para el mercado más sofisticado: queso de cabra fresco, madurado con mohos, cremoso del Bierzo, con ajo y perejil, con hierbas de Provenza, con pimienta negra, con pimentón, con guindilla verde, queso de cabra y ceniza, y hasta la tarta de queso de cabra con castañas. Todo mediante un sistema de producción artesana y natural, con una parte cada vez mayor de leche ecológica certificada.
La producción actual de Veigadarte ronda los 50.000 kilos de queso al año, de los que el 40% se exporta al extranjero, sin perder de vista la colaboración con otros emprendedores locales, como Cerezas del Bierzo o Cárnicos de Fornela, que tiene un cachopo con queso de cabra de infarto. 
Un caso de emprendimiento que crea industria y riqueza en zonas cada vez más despobladas y nos hace pensar acerca de las cualidades del emprendedor: si la formación, los idiomas y los títulos no estorban, desde luego la intuición, la visión de futuro y la tenacidad son los ingredientes que aportan el calcio y las vitaminas. Sin paraguas oficial y sin pamplinas, Veigadarte se ha ganado a pulso su lugar en muchos restaurantes y casas de la Gran Manzana, lo que transmite una lección de fortaleza y entusiasmo. Como diría Obama si tuviera el gusto de venir a visitar Ambasmestas, “sí, se puede”.
Fotos: Veigadarte e Infobierzo.
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Crítica en Gastronomía y Cia