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“Bares, qué lugares tan gratos para conversar. No hay como el calor del amor en un bar”, cantaba ya en 1986 Gabinete Caligari. Bares higiénicamente imprescindibles para la salud mental de la población: si no existieran, habría que inventarlos. Hay bares y cafeterías de todos tipos y colores: cutres y mediocres, escaparates sociales donde despellejar a los transeúntes, rincones de lectura o seducción, evacuatorios de urgencia, reponedores de fuerzas y tentempié, consoladores de soledades… pero aquí, atendiendo al criterio de emprendimiento social que nos ocupa, vamos a dividir los bares en dos categorías: con o sin proyecto propio.
Cualquier aprendiz puede servir un café o una caña. Otra cosa es servir un buen café, entender de cervezas artesanas o tirar bien una caña. Cualquiera puede abrir un bar, ¡hay tantos anodinos e insípidos! Otra cosa es tener un proyecto en la cabeza, un horizonte: todos los caminos son errado si no sabes a dónde vas. Cuando una iniciativa tiene proyecto propio con peso específico, cuando es fruto de una elaboración personal, intelectual, de un proceso de reflexión, de un trabajo callado y deliberado, estamos ante una iniciativa de emprendimiento: que sea un bar, pub o lugar de encuentro con música, mesas y sillas, no impide que sea emprendimiento social.
Al contrario, en el caso del Pub Termita –y de su impulsor, el cineasta y pintor Daniel Valle Gómez la dimensión social está presente desde el primer momento. Su vocación alternativa marca un territorio libre, sin fronteras geográficas, desde un mínimo rincón del Bierzo, léase en Ponferrada la calle Nicolás de Brujas: hermosa casualidad, la calle lleva el nombre de un entallador flamenco del siglo XVI que vino desde Flandes, se casó con una de Ponferrada y dejó El Bierzo sembrado de obras artísticas. Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo.

 

En la calle del artista inmigrado, Nicolás de Brujas, paradoja contemporánea en tiempos de vallas y pateras, Termita Lab tiene su punto de apoyo desde el que mueve un universo sin barreras mentales: aquí puedes leer su página web en cien idiomas, aunque solo necesitarás uno, la música, para entenderte. Así, Termita Lab, que también edita un fanzine gratuito [puedes leerlo aquí], se define como un espacio poliédrico, multidisciplinar, modulable y abierto. Un espacio para re-pensar, re-visionar, re-crear, re-razonar, en definitiva, co-cultura crítica. Tienda on-line, workshops, festival de cine… y siempre la música como el catalizador de las emociones y los encuentros.
Mucho más que un bar y que un lugar grato para conversar, que lo es, Termita Lab es un punto de encuentro alternativo en Ponferrada, un co-proyecto en construcción en el que la libertad se encuentra a gusto.
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