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El jazz y la música moderna en El Bierzo son cosas de La Casa del Jazz, claro, un proyecto tan innovador como necesario promovido por el músico GiovanniYáñez Vilas, conocido artísticamente como Gío. A diferencia de lo que suele pensarse por los bienpensantes, a primera vista, de un artista medio desharrapado y bohemio, Gío es un profesional maduro que cimienta su proyecto artístico en una sólida formación académica y en una larga experiencia como compositor y concertista.

 

Conviene subrayarlo al principio: Giovanni, además de licenciado en filología inglesa por Salamanca, ha cursado estudios superiores de guitarra y jazz en la Escola Superior de Música e das Artes do Espectáculo de Porto (Portugal), y ha ampliado estudios de guitarra jazz, armonía jazz, improvisación y combo, ensemble y big band, en Santiago de Compostela y Salamanca, tocando con Marcos Pin, Suso Atanes, Manolo Gutiérrez, Paco Charlín, Chema Corvo y un largo etcétera.
Gío acaba de editar su primer trabajo discográfico: Zero Point Energy. Siete composiciones para octeto en lenguaje de jazz contemporáneo, inspirados en la obra de T. S. Elliot “La tierra baldía”, que ha tenido muy buenas críticas a nivel internacional, con reseñas en medios especializados estadounidenses y europeos, y ha sido emitido en radios especializadas, en el Festival de Jazz de Castilla y León o la sala Portajazz en Porto.
Horizonte profesional
Convertido en concertista y profesor de música, la política local le regaló un inesperado master en la universidad de la experiencia, del que ha salido gato escaldado: “Fui contratado para elaborar un plan de estudios musicales en el ya extinto CAEM de Ponferrada. Debido al terrible ambiente impuesto por la dirección, con restricciones de todo tipo, fue imposible hacer un buen trabajo y por diferencias con la dirección fui despedido catorce días antes de acabar el curso. Aprendí una buena lección: no emplear mi energía en proyectos en los que política y cultura estén de la mano”.
La lección de Gío invita a una reflexión que nos llevaría más allá del propósito de Bierzo Innova y Emprende, pero no podemos pasar por alto el valor de este aprendizaje en el que se cimienta el origen de La Casa del Jazz: un centro de estudios de jazz y música moderna en Ponferrada levantado a pulso, sin la respiración asistida de las subvenciones públicas, tan depredadoras del emprendimiento.
La Casa del Jazz es emprendimiento musical en estado puro, la apuesta personal y profesional de Gío en Ponferrada –lo que en sí mismo es una decisión de alto riesgo– por crear un espacio multiusos destinado a la difusión cultural del jazz: club de jazz, ensayos abiertos, grabación de proyectos audiovisuales, tertulias, jam sessions, conciertos, audiciones, exposiciones, talleres y masterclasses (clases magistrales).
Aunque La Casa del Jazz está abierta a todos los niveles y públicos, desde los 3 años, el propósito es formar músicos encaminados al futuro ejercicio profesional. Formar jazzistas que aspiren a ganarse la vida dignamente con la música en cualquiera de sus vertientes (intérprete, compositor, educador, productor), que no es poca cosa. El programa de estudios y la metodología de La Casa del Jazz son pioneros, dentro y fuera del Bierzo: proveen al alumnado de herramientas actuales como improvisación, armonía, entrenamiento rítmico y auditivo, pensamiento creativo.
Además, La Casa del Jazz se sitúa como referente cultural no institucional, lugar de encuentro para creadores y aficionados, promoviendo actividades como una big band, con alumnos jóvenes y adultos provenientes de diferentes realidades musicales; jam sessions de alumnos abiertas al público, seminarios con músicos internacionales, grabación de documentales… el objetivo es contribuir a la creación de una escena de músicos y aficionados en torno al jazz.
Un proyecto necesario
El valor emprendedor de La Casa del Jazz reside en abrir nuevas ventanas y salidas profesionales o académicas a una generación de músicos de jazz bien formada: asienta las bases para acceder a cursar estudios en centros superiores nacionales e internacionales y genera las condiciones para el nacimiento de proyectos futuros en colaboración con espacios hosteleros o de ocio de la ciudad, la celebración de ciclos de conciertos, de actividades culturales junto a otros colectivos artísticos locales como puedan ser fotógrafos, creadores visuales, escritores, actores, bailarines… siempre con el jazz como elemento vertebrador: “Formamos músicos y formamos aficionados a la música, ambos lados son indispensables”, concluye Gío.
Con visión de futuro, La Casa del Jazz viene a llenar un vacío tan torpe como inexplicable en las políticas culturales y musicales de nuestro entorno en las últimas décadas: frente a centros oficiales o incluso privados que ofrecen soluciones para un mundo laboral-profesional que ya no existe, Gío apuesta por una experiencia formativa integral, desde la infancia, en la que el placer del aficionado exigente y el horizonte profesional del músico vocacional se funden para sentirse en casa. En La Casa del Jazz.

 

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