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Una mujer hermosa, larga melena ensortijada y con una taza encima de la cabeza, nos mira con sus ojos verde menta y se lleva el índice a sus labios de rojo intenso con una señal inconfundible:
—¡Shsssss…!
Silencio… escucha. Es un hada mágica envuelta en los aromas de una Tetera Azul. Si le das la vuelta, a la tetera, el hada misteriosa se burla de ti risueña y te obliga a reír aunque no quieras.
He probado a tomarme el té como ella, con una taza en la cabeza, en difícil equilibrio, pero no era ese el mensaje: en cuanto una bolsita de hibisco, bayas de saúco, escaramujo y frutos secos comenzó a esponjarse en el agua caliente, mi teléfono móvil dejó de funcionar. Intenté avisar a la compañía, pero tampoco el fijo sonaba.
Como este es un blog de innovación y emprendimiento, hemos tenido que investigar las causas de este fenómeno paranormal: pones una pirámide de Masala Chai o de Rooibos Relax en una taza y todos los móviles, smarts y tablets en diez metros a la redonda se quedan pasmados, en silencio; y la voz profunda y misteriosa del hada de ojos verde menta te susurra al oído:
—¡Shsssss… escucha!
Al principio consideré que era algo mágico, pero fui probando con otras infusiones, con Tarde de Domingo (té negro, cacao, nueces de Macadamia y coco), con Reunión de Amigas (té rojo pu-erh, hibisco y flores de malva), y hasta con unas pirámides de Té Besa (¡rooibos de Sudáfrica, menta y chocolate!), y siempre el mismo efecto: el móvil descuajeringado. Descartada la novela negra, debía existir alguna razón científica. El asunto requirió una investigación a fondo: Te Conviene. Té Cautiva, Te Embellece, Te Calma, Te Despierta, Te Refresca, Te Inspira, Te Mima… tuve que probarlos todos, pero el móvil seguía inerte.
Un manuscrito encontrado en Camponaraya, Tras los pasos de Marco Polo, me dio la pista: el departamento de I+T+I de Pharmadus, una afamada empresa berciana, ha desarrollado un novedoso, sorprendente y revolucionario know-how: basta activar una de sus infusiones para que el mundo a tu alrededor se detenga, las televisiones entren en modo off, los ordenadores contengan la respiración y los móviles duerman la siesta.
“Desde el principio nos hemos propuesto escuchar –las claves estaban en los pasos de Marco Polo, el veneciano que hace ocho siglos visitó al emperador Chen Nung y describió la antigua Quinsai como “la más bella y noble ciudad del mundo”–. Escuchar lo que nos dice la naturaleza, escuchar los sabios consejos de nuestros padres que antes estuvieron al frente de La Leonesa y Manasul. Escuchar a las personas que apuestan por nosotros… sus gustos, sus necesidades. Escuchar a nuestro equipo. Escuchar a los nuevos tiempos…”
Este era el know-howde Pharmadus, basado en las raíces de la familia Escudero Rubio, que empezó esta aventura en 1956, escuchando la sabiduría de los abuelos de nuestros abuelos, que recolectaban genciana y arándanos en las laderas de Salientes, Salentinos y Catoute; escuchando el aroma de las recetas de las abuelas de nuestras abuelas, farmacéuticas sin título académico, que preparaban pócimas y cataplasmas con hierbas medicinales de los montes del Bierzo.
De aquellas raíces, de aquella Manzanilla La Leonesa que todos hemos tomado alguna vez, surgió cincuenta años después, con la misma inspiración, la actual Pharmadus, nacida en 2006, con una moderna fábrica en el Polígono de Camponaraya, modelo de innovación y emprendimiento social dentro y fuera del Bierzo, cuya nave pilota la empresaria Beatriz Escudero Rubio, una romántica.
En El Bierzo es Bea, Bea Escudero, mecenas generosa de mil y una causas sociales, pero este Año Romántico –como pregonera de las Fiestas de la Encina 2015-, fue doña Beatriz de Osorio, la protagonista de la novela El Señor de Bembibre, recordando con un hermoso discurso al poeta berciano Enrique Gil y Carrasco en su II Centenario.
Beatriz Escudero, emprendedora de ideas claras, activa en redes sociales, mujer y madre de vocación progresista y luchadora, ha conseguido transformar la empresa familiar, La Leonesa, en una empresa del siglo XXI, vanguardista en sus productos, con un diseño seductor, mimado, detallista, único: lateteraazul.
En pocos años, lateteraazul ha conquistado el mercado: ha entrado en la vida diaria de muchas casas, cafés y restaurantes. Tiene su taza en la mesa y rincón propio en la alacena. Se ha convertido en un rito, una costumbre: My Time Tea Time. Un tiempo reservado y sagrado en el que se paran los relojes y se congelan los móviles, se callan los telediarios y entran en stand by las terminales de los bancos.


Pharmadus tiene otras líneas, como Helps para piernas cansadas o antioxidante, o la infantil Helps Kids, digestivo para pancitas y dulces sueños de bebé; pero si algún día Manasul fue el buque insignia de la factoría Escudero, hoy lateteraazul es la verdadera armada invencible. Sus armas son productos 100% naturales, mucho trabajo y paciencia, mucho sentido común, innovar con los pies en la tierra (en sentido literal, no metafórico), y una voluntad de emprendimiento que no se arruga ante las dificultades. Para todo ello cuenta con un excelente equipo humano y con un laboratorio propio, BioSalud, para el control de calidad de las plantas medicinales, análisis de aguas, suelos, plantas, alimentos; consultoría alimentaria, medio ambiente, calidad y formación.
Pero su arma secreta, la de Beatriz Escudero y la de Pharmadus, es escuchar: captar los mensajes de la Naturaleza y la sabiduría milenaria del tiempo y de la tradición. Han reconvertido las recetas de la abuela en Cariño de Abuela, un té de rooibos de almendra dulce: nunca hubo rooibos en Catoute, pero el abrazo cariñoso de la abuela sigue siendo el mismo.
Cuando conocí a Bea Escudero, doña Beatriz para los románticos, le pregunté el secreto de su sonrisa luminosa: me regaló unas bolsitas de Té Rojo Pu-Erh y guardó silencio. En la caja de lateteraazul encontré este mensaje suyo: “Disfruta de esta infusión varias veces al día y por mucho que te pregunten no digas a nadie cuál es tu secreto para estar tan radiante”.

 

Pues eso, amigos y amigas, apaguen los móviles y escuchen la voz del hada de ojos verde menta: —¡Shsssss…!
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