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Examinemos la filosofía del invento: una multinacional, una gran superficie, aterriza en una ciudad con locales de no sé cuantos metros cuadrados, mucha iluminación y gestos grandilocuentes, e inunda los armarios adolescentes de ropa barata, con demasiada frecuencia superflua, no importa si fabricada aquí o por manos esclavas en el Tercer Mundo.

En el otro lado del espejo, dos emprendedores solidarios deciden dar un giro a sus vidas y eligen Ponferrada, un lugar tan bueno como cualquier otro, para poner cara y ojos a una casa de comidas a escala humana, con timbre internacional y calor de hogar: no necesitan muchos metros cuadrados ni escaparate con tubos de neón; apenas un rinconcito a la entrada de lo que algún día fueron las huertas del Sacramento, las más fértiles de Ponferrada, y hoy es una avenida sosa e insípida como casi todas sus hermanas, nacidas con la furia del boom inmobiliario.

En ese contexto huérfano de calidad urbana, en el corazón de Ponferrada, Patri y Dani abren un hogar –en el sentido etimológico–, un fogón al que arrimarse a desayunar, comer o merendar, a quitar el frío, el hambre o la soledad, que de todas esas cosas está ayuno el personal. Quien entra en Ágora se encuentra en casa.

Un modelo de pequeño comercio viable, sostenible, ecológico (solo emplean aceite de oliva ecológico, pizza con masa madre y harina ecológicos, cafés e infusiones adquiridas en comercio justo y agua desclorada). Contiene todo ello una actitud, una exigencia ética, un reto: ya sabemos que hay quien prefiere hamburguesas con colorantes y bebidas azucaradas con burbujas. Pero hay quien sabe apreciar y valorar el mimo artesanal que Patri y Dani ponen en su trabajo: tiene muchas referencias de clientes en TripAdvisor y todas positivas. Por ejemplo, este par de muestras firmadas por Nuria (Ponferrada) y Mabel (Valencia): “La calidez con la que reciben a todos los clientes es lo primero que se nota al entrar. Es un sitio al que puedes ir a desayunar, a picotear, a comer o simplemente a comprar el pan. Toda la comida que preparan se nota que esta hecha con mucho cariño”. “He vivido en Madrid y Barcelona, adoro el SUSHI, el que ellos hacen esta buenísimo, se nota el cariño y la alegría con que hacen todo. Comida casera con toque exótico”.

Además, estos emprendedores sociales colaboran con la cocina económica y otras causas solidarias y destinan el 5% de su beneficio empresarial a la ONG “The direct help fundation”, de ayuda directa a mujeres viudas y desfavorecidos en Katmandú. De modo que cada vez que tomas un café, una pizza o un cuscús casero en Ágora, cuidas tu salud, estás en buena compañía y colaboras con los más necesitados. 

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Diario de León: Un nuevo modelo de cocina   
The direct help Foundation
Foto: Luis de la Mata