Categoría: NOVEDADES

Islas Feroe: vivir en un microestado

Si en vez de grandes potencias insaciables, devastadoras, como China, Rusia y Estados Unidos, todo el planeta estuviera formado por microestados, las cosas nos irían mucho mejor. No hay noticia de ningún microestado que haya invadido Irán o talado la selva amazónica. Más humanos, más democráticos, más respetuosos con su entorno natural, con sus cielos y sus mares, los microestados han nacido para quedarse.

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Digitalia incorpora la Biblioteca Gil y Carrasco

La plataforma ofrece un catálogo de 24.000 libros electrónicos a universidades de todo el mundo.
Una de las mayores webs de humanidades y literatura, la plataforma Digitalia Hispánica, con  24.000 libros electrónicos en su catálogo, acaba de incorporar a sus fondos el contenido íntegro de la Biblioteca Gil y Carrasco: los diez tomos de las obras completas de Enrique Gil, publicadas en 2015 con motivo del II Centenario del poeta romántico.
Con la firma de este acuerdo —suscrito entre Xavier Claret, SVP Operations de Digitalia, y Valentín Carrera, director de la Biblioteca Gil y Carrasco— , toda la obra de Enrique Gil está ya a disposición de las más prestigiosas universidades de todo el mundo, pero especialmente americanas, como University of Southern California (USC), UCLA, Stanford University, Denver University, Columbia, Georgetown, Harvard, Michigan, NY Public Library, NY University y muchas otras
Digitalia Hispánica (http://www.digitaliapublishing.com/) es un portal de referencia académica, presente en una docena de países (USA, Colombia, Chile, Argentina, México, Perú, España, etc.), que ofrece mediante suscripción un catálogo de 23.399 ebooks, 3.544 revistas especializadas y 167 editoriales, desde Alianza Editorial a Calambur, pasando por Anagrama o Cátedra: “La base de datos más completa de revistas y libros electrónicos en español para bibliotecas”. La web permite visualizar los títulos en HTML5, pdf, epub y en formato audio, y descargar con licencia mediante un sistema de préstamo bibliotecario on line.
El escritor y editor Valentín Carrera ha agradecido el interés de Digitalia Hispánica: “Biblioteca Gil y Carrasco nació para hacer a Enrique Gil uno de los autores más digitalizados del siglo XXI, y lo estamos consiguiendo. Este acuerdo sitúa a Gil, al Bierzo y a las Letras Leonesas en la órbita del conocimiento académico global, y garantiza su estudio e investigación por las nuevas generaciones”.
“Con esta incorporación —ha subrayado por su parte Xavier Claret— Digitalia Hispánica refuerza su liderazgo en la oferta de títulos académicos en español, ofreciendo a las bibliotecas, investigadores y estudiantes un contenido cualitativo basado en la tecnología de información”.
La Biblioteca Gil y Carrasco (http://bibliotecagilycarrasco.com/) contiene diez tomos editados en papel y digital (Poesía, El Lago de Carucedo, Viaje a una provincia interior, Crítica teatral, Miscelánea, Viajes y Costumbres, El Señor de Bembibre, Último Viaje, Ensayos y Antología), además de un centenar de artículos y ensayos, facsímiles, fotografías y la reproducción íntegra de los manuscritos de Gil y Carrasco.

Los domingos, sedición

Dios me libre de dar consejos a nadie; cada cual encuentra su camino, o no; y cada hijo de vecino sabe lo que le conviene, o no. San Apapurcio y Todos los Santos me libren de ser ejemplo y modelo de nada ni de nadie. Nado contra corriente, sobrevivo, escucho cantar a los pájaros, balbuceo párrafos rotos, hago de mi capa un sayo, y debajo de ese sayo, al rey mato. Lo mato solo metafóricamente, no vaya a ser que se presente en casa el fiscal Mazo con la Maza y me enchirone por sedición. Además de refranero, sedicioso…
Sedicioso: uno de los pocos crímenes que faltan en mí currículum. Suena a encaje de seda preciosa cayendo sobre las sábanas:
—Cariño, eres una sediciosa…
Así es como acostumbro a comenzar los domingos, prevaricando contra el orden constituzional, practicando los pecados capitales de los pobres y de los ecologistas: la lujuria, la pereza y la gula. Dejo para don Mariano los pecados de los ricos: la envidia, la avaricia, la ira y la soberbia.
Pues eso, que esto es un blog de ecología, y se me despistan: después de pecar en la lujuria, verdes estaban las uvas, y de navegar en el bajel de la pereza, donde rema el viento, entretengo mis apetitos con la gula, delito en el que también soy reincidente. Un cocinillas dominguero, es lo que hay, desafiando a los repartidores de pizza a domicilio, a los tuppers de comida prefabricada, a los precocinados, a los plastificados y a los fiscales.
Mi cocina es una isla libertaria: unos días cocino en soledad y otros con mandil de seda. El plato podría llamarse «lo que haya a mano y un poco de imaginación». El fogón no es ecológico; lo siento, me ha pasado a la inducción. Sobre la cazuela, cuyos ojos me miran ansiosos como los de la mastina Nala, riego aceite de Jaén, de aceituna picual, que compro, directamente de consumidor a productor, y ya estamos haciendo comercio justo, a Ildefonso Martínez: las niñas no quieren otro; más sano, más rico y más barato que el del super.
En el brillante lago, pongo a bailar unos ajos cortados en láminas; no valen ajos cualesquiera (ya los importan de China: un euro, tres cabezas); son ajos comprados en el mercado anual de Bembibre, los prefiero de la parte de Zamora. Al punto dorado, van cayendo en la cazuela tomates, berenjenas, pimientos, puerros, calabacín y zanahorias, todo de mi propia huerta, de mi cosecha ecológica sin ningún insecticida, regada con agua de pozo, sin cloro, y abonada con compost elaborado con estas manitas. Y seguimos llevándole la contraria al supermercado y al fiscal. Las patatas, sin embargo, no son de mi huerta, que me las regala la vecina Lola: la solidaridad y el trueque entre vecinos es otro invento secular y maravilloso que molesta bastante a los dueños del Monopoly.
A despecho de los amigos veganos, echo a hurtadillas unos taquitos de jamón o chorizo, sin que se note la denominación de origen berciana de este Arguiñano que tanto les quiere. Y este domingo, en vez de perejil, he añadido unas Himanthalia elongata, unas algas, para entendernos, de producción ecológica, claro: Porto-Muiños, las verduras del mar. Como ven, el plato, casi vegetariano, va siendo completo.
Mientras «lo que haya a mano y un poco de imaginación» se guisa, recordemos que es domingo, no perdono la comunión con un vermut Guerra, de la cooperativa de Cacabelos, premiado internacionalmente, porque desde El Bierzo a la gloria hay un peldaño. Un escalón que voy subiendo a sorbos, a medida que el caldito toma calor y color y sabor y olor que va extendiéndose por la sacristía.
Para la ceremonia tengo mi propia banda sonora: cuando prendo el fogón, enciendo también la radio, exactamente Radio 3, a la hora exacta en la que comienza mi programa favorito, El Bosque Habitado, y la música y la palabra toman cuerpo y forma, y se sientan conmigo a platicar. La cocina se convierte en un bosque animado, habitado, lleno de vida. Cada detalle tiene un significado, una presencia: la cazuela de Jose, la cuchara de madera de Eusebio, el aceite de Ildefonso, la sal del Himalaya traída por Paz, las patatas de Lola, el vino de Prada. Llegados a este punto, descorcho un mencía, no cabe discusión.
No es cocinar lo que hago, no sé si me explico o si me entienden, es un acto de sublevación, soy un insumiso dominguero: disparo mis tenedores contra la prisa y el plástico, acaricio las texturas de una simple zanahoria que hace un par de días arranqué yo mismo de la tierra y lavé al grifo, tierra eres y en tierra reverteris.
Somos humus, compost: lo que hierve en la cazuela, mientras Delibes habla en Radio 3, es una parte de nosotros mismos; tiene cara y ojos, nombre y apellidos, afectos, lunares y sonrisas. Entonces, la placidez se ha instalado entre el vermut y las aceitunas, la radio canta una música dulce y la perra toca con el hocico a la puerta pidiendo su parte en el festín. Me siento como Thoreau en su cabaña solitaria, un desobediente civil, un sedicioso con mandil de seda. Otro día les hablaré del postre. ¡Arriba las ramas!
Foto: Matavenero, de Anxo Cabada
Pod cast de El Bosque Habitado “Tyto Alba o la defensa de alas y ramas”
http://mvod.lvlt.rtve.es/resources/TE_SBOSQUE/mp3/4/4/1509880398044.mp3
Leer en La Nueva Crónica

Cántico espiritual

A las diez de la noche del 23 de octubre de 2017, sonaron en Compostela las campanas de la catedral, puntuales y metálicas, como acostumbran. En el punto central del crucero, allá donde intersecan todas las líneas románicas, barrocas y platerescas, a los pies del apóstol palestino, con el altar mayor a sus espaldas, y sobre su cabeza colgando el gancho ocioso del botafumeiro, Amancio Prada guardó diez veces silencio.
—¡Benditas sean las villas y ciudades donde aún se puede escuchar el repique de las campanas! —dijo el artista cuando calló la Berenguela, y reanudó su mágico concierto, más que interrumpido acompasado por el tañido del bronce electrónico.
Reanudó su concierto con la misma frescura que en 1977, cuando Amancio Prada comenzó a llevar el Cántico espiritual, de auditorio en auditorio, por los cuatro confines de la tierra. Cuarenta años la Esposa buscando sus amores, y buscando el Esposo su paloma, allá por las majadas.
—Me faltaba esta noche serena en la Catedral de Santiago, con la que he soñado tantas veces…
Un coro de cien voces blancas comenzó a vibrar en la lejanía, a cuyo compás distante, la voz profunda de Amancio, más que recitar, desgranaba los versos de San Juan de la Cruz, el carmelita descalzo encarcelado por la Inquisición en las siniestras celdas donde escribió su Cántico espiritual. Entre tanto horror, tanta belleza.
“Del Verbo Divino, del Verbo Divino, del Verbo Divino…”, las voces infantiles que parecían venir desde todos los rincones de las naves, de lo alto del coro, del interior del órgano barroco, de la redonda cúpula, se fueron acercando lentamente creando un instante musical y poético irrepetible.
Dos hileras de niños y niñas, de 8 a 16 años —los Nenos Cantores de la Orquesta Sinfónica de Galicia y la Escolanía de la Catedral de Santiago, dirigidos por José Luis Vázquez— avanzaron con paso silencioso, mil gracias derramando, por el ameno huerto de la nave principal, desde la Puerta del Perdón hasta la Capilla Mayor. El público que abarrotaba las anchas alamedas de piedra contuvo la respiración, galvanizado.
Nos habían convocado el Parlamento y la Xunta de Galicia para conmemorar el 30º Aniversario del Camino de Santiago como Itinerario Cultural Europeo. Amancio Prada comenzó a cantar su sueño a campo abierto y desnudo: solo la voz del juglar y el ronco murmullo de la zanfona para acompañar el Romance de Don Gayferos de Mormaltán.
Dedicó el concierto en la catedral de Compostela a todos los peregrinos, peregrino él también, que acaso, quién sabe, ya de niño aprendió el oficio acogiendo en su casa a algún caminante perdido por las Dehesas del Bierzo, en algún ramal del Camino Francés, entre Compostilla y Narayola.
El berciano errante dedicó este concierto compostelano a todos los peregrinos, y en especial a Federico García Lorca, que en 1916 —tenía dieciocho años el poeta— dejó su huella en el libro de la Santa Catedral.
—Acabo de ver su firma —confesó Amancio emocionado, antes de elevar al cielo de la Vía Láctea la plegaria del poeta: Canción de cuna para Rosalía de Castro, morta.
—¡Erguete, miña amiga, que xa cantan os galos do día!
El mágico concierto fluía en la noche como lluvia musical, aunque la noche era estrellada, sin una sola nube, en este otoño seco y ardiente en el que Galicia prende por los cuatro costados. Todos los asistentes, respetuosos, rubricamos con un aplauso solidario las palabras indignadas de Amancio, llanto de dolor y tristeza por los montes devastados. En nuestra Galicia y en nuestro Bierzo.
“Crear belleza —decía Valle-Inclán— es acertar con el punto de la eternidad”. En esta noche de lluvia seca, cien voces blancas, una guitarra y una zanfona, un violín y un violoncello, una catedral de piedra apenas interpuesta entre nosotros y el cielo estrellado, Amancio Prada creó belleza en estado puro y, si me permiten decirlo sin exageración, acarició la eternidad.
“¡Oh, cristalina fuente, / si en esos tus semblantes plateados / formases de repente / los ojos deseados / que tengo en mis entrañas dibujados!”.
Oh, noche gozosa de Compostela: fiel tuyo que he admirado al cantautor protesta en los años 70, aún vivía Franco…; que he gozado de tu zanfona en la isla desierta; y en el claustro de Espinareda, “la gota de rocío” de Enrique Gil; que has regalado a Sandra y Alicia —jamás lo olvidarán— la intimidad de tus ensayos en Urueña; y tantas veladas con Leo Ferré y Chicho Ferlosio, y nuestro adorado Mestre; y algún beso robado con ayuda de García Calvo, Libre te quiero; ¡cómo no sentirme, cómo no sentirnos, gracias a tu voz, parte del “monte y el collado do mana el agua pura”.
En las “subidas cavernas de la piedra” de Compostela has hecho brotar —así lo escribe María Zambrano— ese secreto manantial de belleza que tiene un punto de eternidad. ¡Arriba las ramas!
Fotos: Luis Polo (Galicia de Foto) y Paco Rodríguez, La Voz de Galicia
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NOVEDAD: “Horizontes Lejanos” de Velia Ares

PRESENTACIÓN, 4 DE NOVIEMBRE: El Edificio de Usos Múltiples de Villadepalos acogerá el próximo sábado 4 de noviembre, a las 19h, un acto entrañable: la presentación del libro Horizonte Lejanos de Velia Ares Sánchez, las memorias de una mujer berciana, contadas como un filandón familiar y vecinal compartido al calor del fuego.
 
La pequeña historia de un pueblo del Bierzo, Villadepalos 1930-1980.
Horizonte Lejanos es un libro autobiográfico de película, porque la vida de su autora, Velia Ares Sánchez, no podría entenderse sin el cine, sin la gran pantalla del Cine Ares, que ella y su marido Santiago fueron capaces de regir durante años en un pequeño pueblo berciano, Villadepalos.
Quien sueña dentro y fuera de la pantalla —¡Qué verde era mi valle!—, pertenece, como tantas mujeres bercianas, a una familia campesina con Raíces profundas: estas páginas contienen el relato de la vida rural en El Bierzo a lo largo del siglo pasado, contienen nuestro espíritu de la colmena.
El libro está dividido en dos partes. La primera se remonta a principios del siglo XX, Horizontes lejanos, con la emigración a Cuba y EE. UU., y prosigue con la Guerra civil, Por quién doblan las campanas; y con aquella postguerra interminable que hablaba La lengua de las mariposas, hasta los años sesenta.
La segunda parte, que inicia en los sesenta, coincide con los años de plenitud y madurez en los que Velia y Santiago viven su personal Cinema Paradiso y su Fiebre del sábado noche; y llega hasta los ochenta, tiempo de La gran evasión, que corresponde al periodo de la transformación económica.
Con un estilo ameno y directo, coloquial —Tal como éramos—, la memoria de Velia recorre historias de emigrantes, testimonios de la guerra, estampas de la vida cotidiana: el barrio, las costumbres, las faenas del campo, la escuela, El Filandón, las diversiones: el cine, la sala de fiestas, las orquestas, las vacaciones.
Un relato de cine que nos hará soñar cada Noche de San Lorenzo con “vivir en paz” bajo el cielo de estrellas de Villadepalos.
LA AUTORA
Velia Ares Sánchez nació en Villadepalos el 18 de abril de 1933. Desde pequeña le ha gustado escribir, recitar poesías y narrar historias, y cuenta para ello con una excelente memoria. Se casó en 1954 con Santiago Ares, y juntos emprendieron la aventura de convertir en realidad un sueño, el de hacer un cine en su pequeño pueblo del Bierzo, el Cine Ares de Villadepalos, que estuvo activo durante diecisiete años, de 1959 a 1973.
Velia, lectora empedernida de novelas, era quien elegía las películas pensando en su gusto y en el del público que iría a verlas. A su marido también le gustaba el cine, pero sobre todo le gustaba la música, tocaba el laúd y la guitarra y su deseo hubiera sido formar parte de una gran orquesta; por eso también, al lado del cine, abrieron una sala de fiestas donde actuaban a menudo conjuntos y orquestas. Ellos trajeron las imágenes del mundo que mostraban las películas a aquel pequeño rincón del Oeste del Bierzo.
Velia es optimista, piensa que, como en el cine, los mejores sufren penalidades, tienen que esforzarse mucho… pero, al final, siempre salen adelante. Y en este libro nos quiere transmitir ese optimismo entretejiendo con la lana de su abuela y los estambres de su madre un tapiz berciano de retazos de memoria.
CÓMO CONSEGUIR EL LIBRO
Ponferrada: a la venta en Librería Simón y Librería Quiñones
Formato electrónico (epub):
eBooksBierzo
AMAZON

Biomasificando El Bierzo

En 1957, en plena autarquía franquista, se instaló en la ría de Pontevedra la empresa Celulosas de Pontevedra, ENCE. Comenzó siendo pública, con dinero de nuestros abuelos; pero como todo lo que da pingües beneficios (38,7 millones/€ en 2016), hoy es una empresa privada en cuyo consejo de administración de puertas giratorias se sientan altos cargos del PP como Isabel Tocino o Carlos del Álamo. ENCE lleva sesenta años contaminando una de las rías más hermosas del mundo, y toda la oposición ciudadana y varias sentencias judiciales no han sido capaces de parar el desastre.
El desastre es la ría de Pontevedra contaminada y una reforestación de los montes gallegos basada en el dinero rápido del eucalipto: ambas cosas tendrán efectos ecológicos durante varias generaciones. Debemos preguntarnos, ¿cómo sería hoy la ría de Pontevedra, la amplia avenida desde Corbaceiras hasta Estribela, si en vez de la peste de Celulosas existiera un boulevard ciudadano, turístico, a la orilla de los arenales marisqueros más ricos de Galicia? No es solo lo que se destroza, y qué bolsillos se llenan con ese destrozo, sino la alternativa posible si en 1957 el régimen no hubiera impuesto su zarpa sobre la ría.
Mientras los consejos de administración cuentan sus beneficios a corto plazo, la perspectiva ecologista nos obliga a pensar siempre en el largo plazo, en los efectos perjudiciales duraderos, en los costes ocultos, en el peaje que pagarán las próximas generaciones. Una administración responsable es aquella que, ante cualquier propuesta mágica de industrialización —todos los años cae el Gordo de la lotería en algún paraje indefenso: Manjarín, Primout, Villablino, Casayo, Cubillos…—, antepone el bien común duradero a los intereses privados de un nuevo Rey Midas.
Ese Rey Midas, que se presenta como un mirlo blanco, un liberal con ínfulas de emprendedor, siempre apoyado en subvenciones públicas, llega prometiendo el oro y el moro: inversión, riqueza, puestos de trabajo, multiplicación de los panes y los peces, el Cuerno de la Abundancia. Y una corte de papanatas, en Pontevedra, en El Bierzo o en Villar de Cañas (¿se acuerdan del cementerio nuclear?), ríe las gracias del rey desnudo.
Antes de aprobar y aplaudir instalaciones de dudosa reputación, cuyo perjuicio ecológico es evidente, convendrá hacerse algunas preguntas en nuestros ayuntamientos y consejerías. Por ejemplo, ¿qué modelo de desarrollo forestal queremos para nuestra comarca y nuestros montes? ¿Queremos bosques frondosos, encinas, robles, nueces, castañas, setas, biodiversidad… o queremos monocultivo de eucalipto en el Valle del Silencio, Ancares y Fornela? Mucho más rentable lo segundo, eso no se discute: otra cosa es el efecto desertificador. Simplemente, nos cargamos El Bierzo.
Ahí están los incendios, un dramático preaviso del cambio climático, para demostrar que estamos jugando con fuego. ¿Alguien cree que a estos inversores mágicos, caídos del cielo con capital chino, brasileño o vaya usted a saber, les importa un pito el futuro del Bierzo? ¿Son acaso hermanitas de la caridad, como don Victorino, que vienen a salvar nuestra comarca del paro y la pobreza?
¿O más bien han visto en nuestra comarca, rendida y derrotada, gobernada por zascandiles, un sitio adecuado para hacer negocios fáciles? Solo nos falta instalar el casino Eurovegas en Borrenes, cerquita de Las Médulas, pero todo se andará.
El único desarrollo que necesita El Bierzo es la agricultura, la ganadería, la industria limpia basada en el uso sostenible de nuestros recursos naturales. El Bierzo no es un basurero, la cloaca de incineradoras de neumáticos o biomasificadoras. ¿Queremos los bercianos y las bercianas nuestro paisaje salpicado de (más) chimeneas nocivas para la salud?
Si esta tierra fuera un desierto —acabará siéndolo por este camino—, podría entenderse, y ni aun así, una planta contaminante; pero esta comarca, a la que en la semana de la Creación, Dios Todopoderoso tuvo la generosidad de ponerle toda la riqueza natural, a esta comarca —que podría ser autosuficiente para dar de comer a todos sus hijos y regalar toneladas de frutas y hortalizas a quien lo necesite—, ponerle otra chimenea más a este Bierzo nuestro, castigado y destrozado por minas, pizarreras, saltos, endesas y demás lambriones, es un crimen.
Un delito ecológico del que, antes o después, quienes lo consientan tendrán que rendir cuentas en las urnas, ante la Justicia o ante el insobornable juicio de la historia. ¡Arriba las ramas!

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